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En una encuesta reciente salió a relucir que aunque el seguir una religión no estaba de moda, la espiritualidad sí lo está. La aparente razón de esta modalidad es porque algunas personas no desean tener que hacer cambios significativos en sus vidas, pero aún anhelan tener espiritualidad.
Este deseo de vivir una vida sin restricciones, valores y principios absolutos es normal para nuestra naturaleza caída. El anhelo de una vida espiritual está engranado en nosotros también ya que somos seres espirituales con un deseo intrínseco de tener comunicación con nuestro Creador. Uno de los problemas que más ha tenido el ser humano es diferenciar entre qué es espiritual y qué no. Este problema no se limita a los que no han tenido un encuentro con Cristo sino que muchos cristianos padecen de la misma dificultad. En Colosenses 1:9 y 10 explica: "Por esta razón también nosotros, desde el día en que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros y de rogar que seáis lleno del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y plena comprensión espiritual; para que andéis como es digno del Señor, a fin de agradarle en todo; de manera que produzcáis fruto en toda buena obra y que crezcáis en el conocimiento de Dios" . En el versículo habla acerca de la sabiduría y comprensión espiritual y luego te dice que la misma es necesaria para que puedas obrar (andar) como es digno del Señor. Ciertamente Dios nos está dejando saber que el conocimiento espiritual nos tiene que llevar a vivir vidas espirituales. Pero, ¿qué es una vida espiritual?. Algunos piensan que una vida espiritual es una vida de oración, ayuno y lectura bíblica y no se equivocan. Pero una vida espiritual produce fruto. Dios es el que trabaja cuando una oración es contestada, alguien es sanado, la palabra es bálsamo a la vida de alguien o somos guardados de peligro. Cuando Dios hace algo no es contado como fruto de nosotros. Por lo tanto, es necesario mirar esto desde otro punto de vista, así que podemos asumir que el conocimiento de Dios en nuestra vida nos hace producir fruto. Esto nos lleva a la determinación de que la vida del cristiano consiste de conocimiento y de la producción de fruto a través de buenas obras. Entonces si esto es así, la pregunta es, ¿por qué tantos cristianos piensan que no necesitan seguir los principios de Dios para tener familias exitosas? ¿Qué los hace pensar que la oración el ayuno y la lectura bíblica puede reemplazar el fruto? En ninguna parte de la Biblia podemos encontrar que actividades que parecen ser más espirituales pueden reemplazar a las que parecen más cotidianas. Esto significa que cuando hacemos actividades como enseñarle a nuestros hijos a: ser cortés y amable con los demás, cómo manejar su emociones adecuadamente, cómo tomar decisiones sabias o simplemente pasar tiempo de calidad con ellos, estamos realizando actividades espirituales que producen fruto a corto y a largo plazo. Desgraciadamente, encontramos que muchos prefieren que Dios se encargue de sus problemas y no ellos. Prefieren orar por sus problemas o pedirle a otro que ore en vez de ellos seguir el consejo de la Palabra de Dios. Una semejanza que me gusta compartir es la de una persona que le dieron un martillo cuando era muy joven. A éste le dijeron que era una herramienta valiosa que podía usar para construir. El joven tomó esto muy en serio y comenzó a usar el martillo en todas sus construcciones. Se dio cuenta de que había momentos en que hacía mucho sentido usar el martillo pero otros en que no, pero a pesar de todo, lo seguía usando de manera constante. Un día le pidieron al joven que contruyera una casa muy grande y compleja. Desde el principio se le hizo muy difícil la construcción de la mansión, siempre usando el martillo como su única herramienta. Por lo tanto, para no quedar mal con el contrato, decidió sub-contratar a otro más experimentado que él. Mientras el contratista experimentado trabajaba, el joven se dio cuenta que el contratista avanzaba bastante en la construcción, así que decidió preguntarle que cuál era su secreto. El contratista le dijo: "no hay ningún secreto, solamente es necesario tener las herramientas necesarias". El joven le contestó- "pero siempre he usado el martillo y sé manejarlo mejor que nadie, pero aún así no pude terminar, por favor enseñame tu secreto". El contratista se llevo al joven a la parte trasera de su camion y abrio la puerta. Dentro había herramientas de todas clases, grandes y pequeños, el contratista miro al joven y mientras apuntaba hacia las herramientas le dijo: "se necesita mucho más que un martillo para construir una casa como la que deseas construir". La moraleja de esta historia es simple, en la vida hay problemas más simples que requieren pocas herramientas pero para tener vidas extraordinarias hace falta muchas herramientas y estas también provienen de Dios. Se continuará este artículo en el próximo Acomodando lo Espiritual a lo Espiritual Parte II |