Banner
El que ama a su esposa se ama a si mismo Efe 5:28b
El Amor del Padre
Valoración de los usuarios: / 1
PobreEl mejor 
Escrito por Eunice Cáceres   
familia2
L
a parábola del Hijo Pródigo que encontramos al leer en Lucas 15:11-32 nos muestra una poderosa imagen del Padre y de Su amor.  En esta historia que relató Jesús, podemos encontrar unos principios esenciales y muy útiles para nuestra vida.  La Biblia está repleta de enseñanzas que podemos aplicar de manera práctica a todas las áreas de nuestra vida.  En esta ocasión, con algunas preguntas claves como base, resaltaremos algunos puntos que se destacan en la Parábola del Hijo Pródigo que se pueden aplicar diariamente en la relación con nuestros hijos e hijas.  ¿Estamos equipando a nuestros hijos para la vida? ¿Somos capaces de permitir que nuestros hijos aprendan las lecciones necesarias?
 Lo primero que se destaca en el relato del Hijo Pródigo es la sabiduría del padre.  Se puede notar que este padre había equipado a sus hijos con todo lo necesario para vivir.  Este punto es sumamente importante ya que un gran número de personas piensa que lo más importante es equipar a los hijos(as) con cosas materiales. Frases como: “Yo quiero que mi hijo tenga lo que yo no tuve”, son escuchadas comúnmente.  El dilema es que en la mayoría de los casos sólo se está pensando en posesiones materiales.  La verdadera labor de un padre y/o una madre es equipar a sus hijos(as) para la vida, proveerles herramientas espirituales, emocionales, intelectuales y físicas para que cada hijo(a) pueda desarrollarse, y madurar para enfrentar diferentes circunstancias.  Así, que podemos entender que el padre de la parábola había equipado a sus hijos propiamente, pues cuando su hijo menor reclama su parte de la herencia, el padre tiene la seguridad de repartir con justicia los bienes y entregarlos a cada uno de sus hijos.
 Puede que nos pase por la mente la interrogante de por qué el hijo menor se fue de su casa para malgastar la herencia.  Hoy día, vemos muchos hijos e hijas que se dejan influenciar por personas que no necesariamente tienen valores y principios centrados en la Palabra de Dios.  El hijo menor en la parábola había disfrutado de una vida buena junto a su padre, pero tenía curiosidad y salió de la casa de su padre a un mundo, cuya influencia lo llevó a que se le acabaran todos los bienes materiales que poseía.  Pero el padre lo dejó ir, a pesar de que sabía que su hijo menor sufriría unas consecuencias difíciles por la decisión que tomó.  Habrá momentos en los que, como padres/madres tendremos que enfrentar la difícil tarea de establecer consecuencias para nuestros hijos(as) o la de permitirles encarar la consecuencia de alguna decisión que hayan tomado.  Eso no hizo que el padre de la parábola del hijo pródigo fuera un mal padre, sino que nos da testimonio de la seguridad que tenía ese padre de la Palabra y el ejemplo que él había sembrado en el corazón de su hijo (…así será mi palabra que sale de mi boca;  no volverá a mí vacía,  sino que hará lo que yo quiero,  y será prosperada en aquello para que la envié. Isaías 55:11).  
¿Cuál es el ejemplo que estamos dando a nuestros hijos(as) con nuestras acciones, actitudes y diario vivir?   
 Un aspecto muy interesante que se observa en el relato de Lucas 15 es que cuando el hijo vuelve en sí y recapacita, lo hace recordando una imagen de la generosidad de su padre (Lucas 15:17).  El hijo conocía que su padre era justo y bondadoso, no solamente con su familia, sino con aquellos que trabajaban para él.  Probablemente, recordaba haber recorrido los campos con su padre y el ejemplo de bondad, misericordia y compasión que había recibido al ver cómo trataba su padre a las demás personas.  Es importante fijarse que el hijo recordó la actitud, las acciones y el carácter de su padre.  No volvió en sí por palabras huecas o consejos sin fundamento.  Lo que lo hizo recapacitar fue lo que su padre se había propuesto sembrar: un ejemplo de amor consistente con la Palabra que atesoraba. Aquel joven supo que sería recibido nuevamente en su casa, aunque pensó que debía ser tratado como un empleado.  Todavía necesitaba aprender sobre la libertad que produce el perdón. 
¿Cuál es la imagen que estamos plasmando en el corazón de nuestros hijos(as)? ¿Estamos dejándoles ver algún destello del amor del Padre Celestial? 
La Biblia nos da una imagen vívida de la reacción del padre al ver a su hijo desde lejos.  Allí en Lucas 15:20 se describe todo claramente.  Podemos visualizar la escena, ver los ojos del padre, observando el camino en busca de su hijo perdido.  Podemos escuchar los latidos acelerados de un corazón que se compadeció al ver la condición del muchacho. Podemos sentir los pasos de unas piernas que corrieron al encuentro del hijo.  Podemos percibir la bienvenida en aquellos brazos que se abrieron para abrazarlo.  Podemos captar la emoción del beso con que el padre recibió a su hijo.  Toda esa tierna y maravillosa escena está allí para nosotros, para plasmar en nuestra mente y corazón cómo es el amor del Padre: un amor incondicional.  Él siempre permanece fiel.  Brindemos a nuestros hijos e hijas esa misma bendición: saber que tienen unos padres que les aman, a quienes siempre pueden recurrir, que les perdonarán y les ayudarán a levantarse de nuevo. 
¿Nos gozamos y celebramos con nuestros hijos? ¿Nos deleitamos en lo que son y lo que significan para nosotros?  
En el relato del Hijo Pródigo, vemos claramente que el padre, en todo momento  le demuestra a su hijo que no lo va a recibir como empleado, sino como lo que es: su hijo.  Esto nos testifica de la sinceridad del perdón que estaba en su corazón.  El padre vio el estado en que su hijo había regresado, escuchó lo que el muchacho le decía y percibió el verdadero arrepentimiento en su voz.  Sabía que el joven había sufrido amargamente las consecuencias de la decisión de marcharse de la casa y estaba seguro de que lo que estaba ocurriendo era el fruto de lo que él como padre había sembrado desde la niñez de su hijo.  Por eso, reconoce que era ocasión de celebrar, de hacer fiesta, de manifestar su deleite por el regreso de aquel muchacho que había sido hallado.  Cuán importante es para nuestros hijos(as) que nos gocemos junto a ellos, que celebremos sus logros, que le manifestemos con afecto que verdaderamente son herencia del Señor (Salmo 17:3).  No perdamos cada oportunidad que tengamos de hacerles saber a nuestros hijos e hijas que son valiosos.  Puede ser que cometan errores, pero siguen siendo hijos(as), tal como el hijo pródigo fue recibido por su padre con amor y gozo, a pesar de lo sucedido.
¿Cuáles son las lecciones aplicables a la vida diaria que expone Lucas 15:11-32?
Nosotros, como padres, somos esenciales en el desarrollo espiritual de los hijos e hijas con los cuales Dios nos ha bendecido.  Comencemos a ejercer nuestra función como padres desde el punto de vista expresado en la Palabra de Dios y no como al mundo se le ocurre.  Veámonos a nosotros mismos y a nuestros hijos(as) desde la perspectiva de Dios.  Él nunca nos abandona (Hebreos 13:5), no se avergüenza de nosotros cuando reconocemos que hemos fallado, nos ama incondicionalmente, aprecia nuestra convicción, nos recibe con brazos abiertos… ¿No es este el mejor ejemplo para seguir como padres? ¿Qué mejor retrato o fotografía del amor del Padre que lo que está plasmado en la Palabra? ¿Qué te parece si aceptas el reto de ser más como Él? 
 “Sed,  pues, imitadores de Dios como hijos amados.” Efesios 5:1
 
RocketTheme Joomla Templates